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Mostrando las entradas etiquetadas como relatos

LA VIEJA DE LA VENTANA

  LA VIEJA DE LA VENTANA Poco a poco su rostro surgía desde la oscuridad de aquel cuarto, como la caricatura de un espectro pasado de moda que solo podía asustar a los distraídos. La luz difusa del sol oculto por los edificios que rodeaban mi calle, iluminaba con desgano aquella cara, descubriendo apenas el contorno de sus pómulos endurecidos por los años, los labios apretados y aquellos ojos chiquitos que aunque cansados de tanto mirar, retenían aún restos del brillo adolescente donde se reflejaba el ir y venir de la gente. Le llamábamos la vieja de la ventana. Ella gastaba sus días, asomándose al mundo a través de aquella ventana de vidrios pequeños y antiguos, escondida detrás de una raída cortina de voile que alguna vez fue blanca y que silenciosa, se movía al impulso de su arrugada mano. Siempre estuvo ahí desde que tengo memoria. Vivía en una de las casas más viejas y derruidas del vecindario. Una construcción de techos altos, paredes gruesas y ventanas enormes con ...

REFLEXIONES DESCONFINADAS 2: TE QUIERO...PERO DE LEJOS

REFLEXIONES DESCONFINADAS 2: TE QUIERO…PERO DE LEJOS. Siempre me acompañó la certeza del primer abrazo aunque no lo recuerde; seguro un regalo de mi madre. Luego nosotros repetimos el ritual y abrazamos a nuestros hijos queriendo llenarnos de tanta felicidad y hacerla eterna.  Porque el abrazo, aunque   fugaz, tiene algo de apropiación, del deseo de no dejar escapar ese momento. Sí, ya sé que hay abrazos de compromiso o de ocasión. Pero yo no hablo de esos. Hablo de los verdaderos, los sentidos, los que surgen porque sí, los que no se calculan ni se piensan. El abrazo, vence a la distancia. Reta y desafía nuestro espacio individual para convertirlo en un lugar compartido. Cuando abrazás, tu corazón queda cara a cara con el del otro, para que se cuenten las cosas que la razón, esa tonta que vive en la azotea, no sabe contar. El abrazo entibia el alma cuando ésta se enfría de soledad o desdicha; o simplemente cuando algún invierno sorpresivo se cruza en nuestra v...

LA FOTO

LA FOTO Cayó a mis pies como una hoja desprendida de algún árbol de recuerdos. Suspendida en el   otoño implacable que tozudo, pasa por nosotros una y otra vez. Una fotografía, sepia, triste y abandonada, que a pesar de ese salto al vacío, conservaba el brillo del instante irrecuperable (por ser parte del pasado), de aquellas personas. Y allí estaba, junto a un contenedor de deshechos, resistiendo su destino; prendiéndose obstinada a la baldosa gris con todas sus fuerzas enfrentando al viento que intentaba porfiadamente vencer su resistencia. Ella sabía que si su enemigo lograba levantar un vértice, solo uno, estaría perdida. La miré desde arriba y atraído por su fragilidad, me incliné para tomarla. Pero detuve la mano a pocos centímetros y dudé, y al final, casi rozando su acerada superficie, elegí no profanar la voluntad de quien se hubiese despojado así, de sus recuerdos. Desde el papel desolado, me miraban serios y ajenos a su destino, los personajes ...

MIS ABUELOS PATERNOS

MIS ABUELOS PATERNOS EL ABUELO PURO La parquedad de su presencia quizás hacía presumir un espíritu lejano y ausente. No sé si fueron los años, más de veinte, que viví a su lado (mi familia habitaba en el mismo edificio que mis abuelos paternos) los que me acercaron a su persona y me ayudaron a descifrar algunos de sus gestos ocultos. El abuelo Puro tenía su rutina que incluía, sugerir el menú del día a la abuela y pasar por nuestra casa a preguntar qué necesitábamos de la panadería, ya que infaltablemente cumplía ese ritual a la misma hora sin importar la lluvia o el sol. Algunas veces, no lo sé con certeza pero lo imagino, hacía una parada en el bar para cruzar algunas pocas palabras con los parroquianos. Fiel a su tiempo, vestía impecable con su camisa y su corbata (la que ajustaba con un perfecto nudo a su cuello) y muchas veces, su sombrero de ala protegía su calvicie. Lo recuerdo caminando mansamente por las veredas del barrio, deteniéndose a saludar a al...

MIS ABUELOS MATERNOS

MIS ABUELOS MATERNOS EL ABUELO ADHEMAR Un plato con cubitos de queso fresco, medio vaso de vino y una novela de Estefanía con historias lejanas de cowboys en sus manos. Acodado al fogón de la cocina, recalaba en ese puerto conocido, cada mediodía, el abuelo Adhemar con su sonrisa. Una sonrisa que aparecía en su voz, en su andar y en sus ojos. Una sonrisa que era una forma de vivir, la actitud optimista y serena que nos regalaba cada vez que estábamos con él. El abuelo Adhemar era un hombre con garbo, como dirían en las crónicas del 1900. No importaba si el traje que vestía había pasado por muchos inviernos o si su gorra había perdido su color original; él caminaba por el mundo con su porte de caballero. Presto siempre a saludar a un vecino del pueblo o a preguntar por la salud o el trabajo de quien estuviera pasando un mal momento. Intransigente con su diaria rutina, transitaba como en un ritual eterno, las mismas calles de balastro visitando las casas de ...

LOS TITANES

LOS TITANES ¿Por qué un lugar tan chiquito al lado del mar se llamaría “Los Titanes”?. Quizás exista (aún no he dado con él) un relato mitológico donde se cuente el origen de este pequeño paraíso. Quizás algunos gigantes cansados de levantar cerros con forma de panes de azúcar o ballenas, se detuvieron a descansar en esta playa, parecida pero no igual a otras, a la vista de una isla árida y pequeña que para ellos estaba al alcance de las manos. Quizás, pienso, se quedaron dormidos mirando como algunas toninas (nuestros delfines criollos) daban saltos en el mar buscando algún ahogado para devolverlo a la orilla. Sus calles angostas de pedregullo van limitando manzanas rústicas pobladas de pinos y eucaliptus donde en aquel tiempo, hace mucho, se perdían sencillas casas de veraneo levantadas en su mayoría por trabajadores de clase media; aquella clase media de los 70. Nuestros padres con mucho esfuerzo, habían cumplido el sueño de “la casita de la playa”. A poco má...

LAS PALABRAS SON PÁJAROS

LAS PALABRAS SON PÁJAROS Porque las palabras son pájaros, ¿no lo sabías?. Ellas vuelan si las dejamos salir y existen antes de surcar el espacio que nos separa del otro. Hay palabras con grandes alas que las llevan lejos, allá donde ni siquiera nosotros, sus progenitores, sabemos. Son palabras sin destino que quizás se agoten en el tiempo o si hay suerte, lleguen a algún oído atento que les pregunte de dónde vienen. Palabras viajeras que ya no son nuestras. Hay palabras que poderosas, salen como flechas de nuestra boca, con destino preciso, con un objetivo y una misión. Son palabras de alas robustas y ágiles, tan veloces que no nos da tiempo a detenerlas o cambiarlas antes de que toquen su meta. Son fuertes y por eso, penetran primero en el corazón antes que en la razón. Lo riesgoso de ellas es que no mueren y se repiten, multiplicadas hasta quedar dando vueltas infinitas en el otro. Hay palabras viajeras como palomas mensajeras, que van y vienen cambiadas, tr...

UN GOL DE 9

UN GOL DE 9 Matías quería la 9 pero ya no había otra.  Su sueño era meter la pelota allá, en aquel arco.  Pero no estaba convencido que pudiera con ese 6 en la espalda. ¿Dónde se vio un goleador con un 6?. Igual por las dudas ese día, hizo su gol y lo gritó como solo lo hacen los 9...