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UN GOL DE 9

UN GOL DE 9

Matías quería la 9 pero ya no había otra. 
Su sueño era meter la pelota allá, en aquel arco. 
Pero no estaba convencido que pudiera con ese 6 en la espalda. ¿Dónde se vio un goleador con un 6?. Igual por las dudas ese día, hizo su gol y lo gritó como solo lo hacen los 9...


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Esperanza

 Esperanza La luz de un cirio recién estrenado, teñía de naranja el altar de la pequeña parroquia del pueblo. Nada se oía. El eco de las campanas pascuales, se había perdido entre los gastados bancos y las voces alegres de mujeres, hombres y niños, guardaban reposo en los hogares mientras el cura rezaba su último rosario. En un rincón, la sombra temblorosa de un crucifijo se movía sobre las viejas paredes, anunciando porfiada la esperanza.

EL SÓTANO

EL SÓTANO En homenaje a todos los que pasaron por él y dejaron en sus paredes, un pedacito de historia.  Mil gracias "Ficha" y "Chiche" por compartir generosamente conmigo sus recuerdos. Escaleras abajo, el aire se poblaba de historias, y también de fantasmas que ya habitábamos desde tiempos inmemoriales ese recinto, mucho antes de haber sido levantadas sus paredes y dispuestas las ventanas. Incluso antes aún, de que alguien (ya no recuerdo el nombre) bajara esos escalones nuevos y relucientes por primera vez. Por eso puedo con propiedad, contarles esta historia. En este viejo sótano ubicado en la esquina que forman las calles montevideanas de Magallanes y Lima (donde por un descuido del destino se unen el nombre de un conquistador con el de una ciudad conquistada), un grupo de amigos orejeaba las cartas de la vida entre risas, discusiones y copas mientras allá arriba, el loco mundo seguía dando vueltas y vueltas al sol. La luz amarillenta de las lamparitas Gene...

A LA LUZ DE UN FLUORESCENTE

  A LA LUZ DE UN FLUORESC ENTE   —¿Se va a quedar mucho rato más?             —¿Qué hora es?             —Hora de cerrar, don Gerardo. Vamos, sea bueno, vaya para su casa y descanse, mañana será otro día.               El hombre se levantó con dificultad y en su impulso tiró la silla al suelo. El eco del golpe denunció la soledad del bar. Enfiló hacia la puerta como una sombra diluyéndose titubeante y silencioso. Un ademán de despedida o de disgusto (imposible de descifrar en la penumbra que creaba la luz de un único tubo fluorescente) se perdió en la negrura de la calle Yaguarón, que lo engulló como un ogro hambriento rodeándolo de ruidos y voces ajenas.               Manolo tomó el trapo que llevaba en su brazo y lo colgó en la cintura de s...