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LAS PALABRAS SON PÁJAROS


LAS PALABRAS SON PÁJAROS

Porque las palabras son pájaros, ¿no lo sabías?.

Ellas vuelan si las dejamos salir y existen antes de surcar el espacio que nos separa del otro.

Hay palabras con grandes alas que las llevan lejos, allá donde ni siquiera nosotros, sus progenitores, sabemos. Son palabras sin destino que quizás se agoten en el tiempo o si hay suerte, lleguen a algún oído atento que les pregunte de dónde vienen. Palabras viajeras que ya no son nuestras.

Hay palabras que poderosas, salen como flechas de nuestra boca, con destino preciso, con un objetivo y una misión. Son palabras de alas robustas y ágiles, tan veloces que no nos da tiempo a detenerlas o cambiarlas antes de que toquen su meta.
Son fuertes y por eso, penetran primero en el corazón antes que en la razón. Lo riesgoso de ellas es que no mueren y se repiten, multiplicadas hasta quedar dando vueltas infinitas en el otro.

Hay palabras viajeras como palomas mensajeras, que van y vienen cambiadas, transformadas por el viaje y nos interpelan.
Palabras que algunas veces nos suenan amables, cercanas, que acarician nuestro ego y que otras veces hubiéramos preferido nunca haberlas dicho para no oírlas.

Hay palabras pequeñas, recién nacidas que caen en la nada apenas dichas. Con alas pequeñas, débiles e indefensas, que nunca alcanzan a tocar un oído. Son como gorriones que vuelan bajo, saltando sobre el suelo sin cambiar nada hasta extinguirse en el anonimato del olvido. Solo nosotros sabemos que existieron y a veces, ni eso.

Hay palabras enjauladas que no dejamos salir y dan vueltas y vueltas en nuestra cabeza. Aletean y se despluman golpeándose con nuestra propia censura, timidez o miedo.

Y por fin están las palabras que vuelan muy alto y encuentran en el aire su propio significado.
Palabras de origen sagrado que tienden puentes y anidan en el alma un tiempo, para emigrar después a otras almas.
Palabras que dejan huellas y refugios abandonados a la espera de una nueva y cálida estación. La estación que las trae de vuelta.

Porque las palabras, no sé si lo sabías, son pájaros.

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