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Mostrando las entradas etiquetadas como Montevideo

A LA LUZ DE UN FLUORESCENTE

  A LA LUZ DE UN FLUORESC ENTE   —¿Se va a quedar mucho rato más?             —¿Qué hora es?             —Hora de cerrar, don Gerardo. Vamos, sea bueno, vaya para su casa y descanse, mañana será otro día.               El hombre se levantó con dificultad y en su impulso tiró la silla al suelo. El eco del golpe denunció la soledad del bar. Enfiló hacia la puerta como una sombra diluyéndose titubeante y silencioso. Un ademán de despedida o de disgusto (imposible de descifrar en la penumbra que creaba la luz de un único tubo fluorescente) se perdió en la negrura de la calle Yaguarón, que lo engulló como un ogro hambriento rodeándolo de ruidos y voces ajenas.               Manolo tomó el trapo que llevaba en su brazo y lo colgó en la cintura de s...

EL VUELO

  EL VUELO Me topé con ella mientras intentaba correr para no perder el maldito ómnibus que siempre se me adelantaba. Seguro que hacía el ridículo con mi gabardina aleteando a mis espaldas, intentando infructuosamente evitar la trampa eterna de las baldosas flojas. Es que con estas botas de lluvia uno se siente un elefante trasnochado queriendo avanzar con pies ajenos. No sé por qué sucedió, aunque el destino a veces nos hace estas jugadas. Sí, seguramente fue eso; es una respuesta que me doy cuando hay algo que no la tiene. No había otra razón, o no me preocupó en ese momento. Solo sucedió. Fue un instante, un mínimo movimiento de la cabeza que me llevó hacia ella. Un relámpago me volvió a la realidad con su estroboscópica luz y comprobé con rabia, como mi ómnibus pasaba de largo salpicándome, maliciosamente, con un tsunami de agua sucia. Me detuve cansado, enojado y rendido. Humillado una vez más por esta ciudad que hoy me parecía lo más triste y oscuro que se pudiera encontrar. ...

EL SÓTANO

EL SÓTANO En homenaje a todos los que pasaron por él y dejaron en sus paredes, un pedacito de historia.  Mil gracias "Ficha" y "Chiche" por compartir generosamente conmigo sus recuerdos. Escaleras abajo, el aire se poblaba de historias, y también de fantasmas que ya habitábamos desde tiempos inmemoriales ese recinto, mucho antes de haber sido levantadas sus paredes y dispuestas las ventanas. Incluso antes aún, de que alguien (ya no recuerdo el nombre) bajara esos escalones nuevos y relucientes por primera vez. Por eso puedo con propiedad, contarles esta historia. En este viejo sótano ubicado en la esquina que forman las calles montevideanas de Magallanes y Lima (donde por un descuido del destino se unen el nombre de un conquistador con el de una ciudad conquistada), un grupo de amigos orejeaba las cartas de la vida entre risas, discusiones y copas mientras allá arriba, el loco mundo seguía dando vueltas y vueltas al sol. La luz amarillenta de las lamparitas Gene...

LA PERSIANA (tributo a mi calle)

  LA PERSIANA La persiana a medio cerrar del cuarto de mis padres era nuestro mirador secreto a la calle Asunción.  Angosta y transitada, segundona y humilde, intentaba sin conseguirlo, hacerse lugar entre dos colegas de mayor alcurnia. Una imponente, con título de avenida y aires de grandeza que se convierten en vientos perennes que levantan faldas y estropean paraguas. Otra más humilde y doméstica, que defiende con bravura su estirpe, llevando ómnibus y autos al centro de la ciudad, haciendo sentir el rigor de un empinado y largo, larguísimo repecho. En aquel apartamento de un solo dormitorio, nos acomodábamos mis padres, mi hermano y yo, sin protestar, disfrutando sin lujos nuestra infancia. Mi madre nos decía que no anduviéramos mucho en la calle. Creía que un mundo de riesgos y peligros invisibles estaban esperando para caer sobre nosotros apenas traspasáramos la puerta del edificio y tocáramos las baldosas de aquella desgastada vereda. Fue así que aqu...

LA VIEJA DE LA VENTANA

  LA VIEJA DE LA VENTANA Poco a poco su rostro surgía desde la oscuridad de aquel cuarto, como la caricatura de un espectro pasado de moda que solo podía asustar a los distraídos. La luz difusa del sol oculto por los edificios que rodeaban mi calle, iluminaba con desgano aquella cara, descubriendo apenas el contorno de sus pómulos endurecidos por los años, los labios apretados y aquellos ojos chiquitos que aunque cansados de tanto mirar, retenían aún restos del brillo adolescente donde se reflejaba el ir y venir de la gente. Le llamábamos la vieja de la ventana. Ella gastaba sus días, asomándose al mundo a través de aquella ventana de vidrios pequeños y antiguos, escondida detrás de una raída cortina de voile que alguna vez fue blanca y que silenciosa, se movía al impulso de su arrugada mano. Siempre estuvo ahí desde que tengo memoria. Vivía en una de las casas más viejas y derruidas del vecindario. Una construcción de techos altos, paredes gruesas y ventanas enormes con ...

REFLEXIONES DESCONFINADAS 3: VILLANOS Y HÉROES

REFLEXIONES DESCONFINADAS 3: VILLANOS Y HÉROES Ahí van, a la vista de todos; con sus plumas desplegadas en un arcoíris sin colores, burdo y gris. Faltando a la clase de los solidarios, huyendo de las reglas como si vivieran solos. Extraños entre los extraños, desiguales y rancios. Feos e hipócritas. Sacando el cartel de: “¡a mí qué me importa!”. Creyendo que son inmortales, impermeables, diferentes, poderosos. Salieron de la oscuridad para florearse frente a los otros (nosotros) que los miramos atónitos a través de las ventanas. Se creen héroes cuando en realidad son villanos. Cientos y miles cubriendo las plazas y las playas, mientras el resto de los mortales (¿será por eso?), los miramos por la tele. Los villanos bien saben lo que pasa pero prefieren ser malos. Es que así son los villanos. Viven la vida entera esperando un minuto de gloria. Gastan sus días soñando con el momento en que los demás hablarán de ellos. No hay nada que los haga sentir mejor que mofarse de l...

REFLEXIONES DESCONFINADAS: UN EJERCITO DE OJOS

REFLEXIONES DESCONFINADAS 1: UN EJERCITO DE OJOS Un ejército de ojos tomó la calle. Miles de miradas perdidas inundando el espacio que dejaron otras que, encerradas, esperan el momento de imitarlas. Cuando sea prudente; o cuando ya no se pueda más. Batallones desordenados de seres con medio rostro con sus gestos perdidos detrás de telones de papel y tela. Perdidas las muecas de disgusto y las sonrisas tibias. Extraviados los labios apretados del esfuerzo o la desazón; escondidas las bocas abiertas por el asombro o el aburrimiento. Perdido el beso, atrapado en el tamiz del tapaboca. Curioso, ¿no?: igual que un virus. Tal parece que tendremos que aprender a ser más escrupulosos para descubrir en los ojos del otro las profundidades del alma; más allá de la poesía y el romanticismo. Tendremos que esforzarnos para que los demás vean en nuestras pupilas el reflejo de nuestros sentimientos. Extraño, todo es muy extraño. Pero real. ¿Cómo será el mundo en quince ...