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Mostrando las entradas etiquetadas como recuerdos

EL ADIÓS

  El adiós Sentada en un viejo sillón de madera y junco, bajo la sombra del enorme paraíso que dominaba el patio, la abuela soportaba inmóvil las calientes mañanas de aquel verano de 1980. Solo sus ojos celestes, herencia de sus padres italianos, se movían buscando algún rastro de la rebeldía y fortaleza que siempre había tenido. Aquella mujer silenciosa, triste y quieta, era otra mujer. En el cielo de su mirada, cada vez más tenue, la busqué porfiado. Reviví en sus pupilas, los rezongos y corridas por la casa cuando nuestras diabluras se volvían molestas. Y sobre todo añoré su sonrisa franca asomada a la hora del mate, cuando colgaba su eterno delantal en el fogón y disfrutaba cansada pero feliz, de las tardes tranquilas del pueblo. Es que la abuela llevaba una armadura que solo se abría con la llave del beso de alguno de sus nietos. Y entre empujones y quejas, siempre asomaba aquella mueca de amor que por alguna razón, se resistía a permanecer más de lo necesario. El ...

EL SÓTANO

EL SÓTANO En homenaje a todos los que pasaron por él y dejaron en sus paredes, un pedacito de historia.  Mil gracias "Ficha" y "Chiche" por compartir generosamente conmigo sus recuerdos. Escaleras abajo, el aire se poblaba de historias, y también de fantasmas que ya habitábamos desde tiempos inmemoriales ese recinto, mucho antes de haber sido levantadas sus paredes y dispuestas las ventanas. Incluso antes aún, de que alguien (ya no recuerdo el nombre) bajara esos escalones nuevos y relucientes por primera vez. Por eso puedo con propiedad, contarles esta historia. En este viejo sótano ubicado en la esquina que forman las calles montevideanas de Magallanes y Lima (donde por un descuido del destino se unen el nombre de un conquistador con el de una ciudad conquistada), un grupo de amigos orejeaba las cartas de la vida entre risas, discusiones y copas mientras allá arriba, el loco mundo seguía dando vueltas y vueltas al sol. La luz amarillenta de las lamparitas Gene...

LA PERSIANA (tributo a mi calle)

  LA PERSIANA La persiana a medio cerrar del cuarto de mis padres era nuestro mirador secreto a la calle Asunción.  Angosta y transitada, segundona y humilde, intentaba sin conseguirlo, hacerse lugar entre dos colegas de mayor alcurnia. Una imponente, con título de avenida y aires de grandeza que se convierten en vientos perennes que levantan faldas y estropean paraguas. Otra más humilde y doméstica, que defiende con bravura su estirpe, llevando ómnibus y autos al centro de la ciudad, haciendo sentir el rigor de un empinado y largo, larguísimo repecho. En aquel apartamento de un solo dormitorio, nos acomodábamos mis padres, mi hermano y yo, sin protestar, disfrutando sin lujos nuestra infancia. Mi madre nos decía que no anduviéramos mucho en la calle. Creía que un mundo de riesgos y peligros invisibles estaban esperando para caer sobre nosotros apenas traspasáramos la puerta del edificio y tocáramos las baldosas de aquella desgastada vereda. Fue así que aqu...

LA VIEJA DE LA VENTANA

  LA VIEJA DE LA VENTANA Poco a poco su rostro surgía desde la oscuridad de aquel cuarto, como la caricatura de un espectro pasado de moda que solo podía asustar a los distraídos. La luz difusa del sol oculto por los edificios que rodeaban mi calle, iluminaba con desgano aquella cara, descubriendo apenas el contorno de sus pómulos endurecidos por los años, los labios apretados y aquellos ojos chiquitos que aunque cansados de tanto mirar, retenían aún restos del brillo adolescente donde se reflejaba el ir y venir de la gente. Le llamábamos la vieja de la ventana. Ella gastaba sus días, asomándose al mundo a través de aquella ventana de vidrios pequeños y antiguos, escondida detrás de una raída cortina de voile que alguna vez fue blanca y que silenciosa, se movía al impulso de su arrugada mano. Siempre estuvo ahí desde que tengo memoria. Vivía en una de las casas más viejas y derruidas del vecindario. Una construcción de techos altos, paredes gruesas y ventanas enormes con ...

LA FOTO

LA FOTO Cayó a mis pies como una hoja desprendida de algún árbol de recuerdos. Suspendida en el   otoño implacable que tozudo, pasa por nosotros una y otra vez. Una fotografía, sepia, triste y abandonada, que a pesar de ese salto al vacío, conservaba el brillo del instante irrecuperable (por ser parte del pasado), de aquellas personas. Y allí estaba, junto a un contenedor de deshechos, resistiendo su destino; prendiéndose obstinada a la baldosa gris con todas sus fuerzas enfrentando al viento que intentaba porfiadamente vencer su resistencia. Ella sabía que si su enemigo lograba levantar un vértice, solo uno, estaría perdida. La miré desde arriba y atraído por su fragilidad, me incliné para tomarla. Pero detuve la mano a pocos centímetros y dudé, y al final, casi rozando su acerada superficie, elegí no profanar la voluntad de quien se hubiese despojado así, de sus recuerdos. Desde el papel desolado, me miraban serios y ajenos a su destino, los personajes ...

EL RELOJ

EL RELOJ Una circunferencia repleta de tiempo; llena de pequeños trozos de vida que se aferran infructuosamente para no ser arrastrados por las agujas que pasan una y otra vez porfiadamente. El reloj siempre avanza. Aún en las pocas veces que queda sin aliento y se detiene, alguien recupera el trayecto perdido y lo pone a andar otra vez. Es que el tiempo es un trazo redondo, sin límites; como los engranajes que invisibles le dan vida. Testigo de nuestro paso por el mundo, el artilugio nos trae al presente mostrando el pasado, ganado o perdido y nos muestra desvergonzado lo que falta para llegar a ese momento desconocido que es el futuro. Un instante, una mirada fugaz que ya es ayer cuando logramos ser conscientes del ahora. Y el latido de nuestro corazón se acompasa al tic-tac sin darse cuenta e increíblemente nos hacemos esclavos de una máquina que nos domina sin palabras ni violencia; solo un par de agujas que avanzan recorriendo el mapa de doce continentes una...

LA ÚLTIMA VENTANA

LA ÚLTIMA VENTANA Me hipnotizaba el mundo que descubren los rayos de sol que se filtran por los resquicios de la persiana que cubre mi ventana. Un universo antes invisible donde de pronto cobran vida miles de puntitos indefinidos, preocupados por llegar sin rumbo, a ningún lado. Un mundo extraño formado por motas de polvo que siempre están a pesar de los esfuerzos de mi madre por mantener todo limpio. Restos de hollín originado en la avenida que pasa a pocos metros de casa y harina que vuela y se escapa del molino de enfrente. Mi casa, la casa de mis padres, tiene una sola ventana. Desde que tengo memoria está allí. Esa última ventana de una fila que asciende hacia el cielo en el viejo edificio, se convertía en un refugio secreto, un lugar desde donde dominaba al mundo. Era mi puesto de vigía oteando el horizonte de treinta metros de asfalto y baldosas gastadas. Detrás de la persiana baja, veía pasar la gente y oía sus voces. Me dejaban fragmentos de frases de...