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REFLEXIONES DESCONFINADAS 3: VILLANOS Y HÉROES

REFLEXIONES DESCONFINADAS 3: VILLANOS Y HÉROES Ahí van, a la vista de todos; con sus plumas desplegadas en un arcoíris sin colores, burdo y gris. Faltando a la clase de los solidarios, huyendo de las reglas como si vivieran solos. Extraños entre los extraños, desiguales y rancios. Feos e hipócritas. Sacando el cartel de: “¡a mí qué me importa!”. Creyendo que son inmortales, impermeables, diferentes, poderosos. Salieron de la oscuridad para florearse frente a los otros (nosotros) que los miramos atónitos a través de las ventanas. Se creen héroes cuando en realidad son villanos. Cientos y miles cubriendo las plazas y las playas, mientras el resto de los mortales (¿será por eso?), los miramos por la tele. Los villanos bien saben lo que pasa pero prefieren ser malos. Es que así son los villanos. Viven la vida entera esperando un minuto de gloria. Gastan sus días soñando con el momento en que los demás hablarán de ellos. No hay nada que los haga sentir mejor que mofarse de l...

REFLEXIONES DESCONFINADAS 2: TE QUIERO...PERO DE LEJOS

REFLEXIONES DESCONFINADAS 2: TE QUIERO…PERO DE LEJOS. Siempre me acompañó la certeza del primer abrazo aunque no lo recuerde; seguro un regalo de mi madre. Luego nosotros repetimos el ritual y abrazamos a nuestros hijos queriendo llenarnos de tanta felicidad y hacerla eterna.  Porque el abrazo, aunque   fugaz, tiene algo de apropiación, del deseo de no dejar escapar ese momento. Sí, ya sé que hay abrazos de compromiso o de ocasión. Pero yo no hablo de esos. Hablo de los verdaderos, los sentidos, los que surgen porque sí, los que no se calculan ni se piensan. El abrazo, vence a la distancia. Reta y desafía nuestro espacio individual para convertirlo en un lugar compartido. Cuando abrazás, tu corazón queda cara a cara con el del otro, para que se cuenten las cosas que la razón, esa tonta que vive en la azotea, no sabe contar. El abrazo entibia el alma cuando ésta se enfría de soledad o desdicha; o simplemente cuando algún invierno sorpresivo se cruza en nuestra v...

REFLEXIONES DESCONFINADAS: UN EJERCITO DE OJOS

REFLEXIONES DESCONFINADAS 1: UN EJERCITO DE OJOS Un ejército de ojos tomó la calle. Miles de miradas perdidas inundando el espacio que dejaron otras que, encerradas, esperan el momento de imitarlas. Cuando sea prudente; o cuando ya no se pueda más. Batallones desordenados de seres con medio rostro con sus gestos perdidos detrás de telones de papel y tela. Perdidas las muecas de disgusto y las sonrisas tibias. Extraviados los labios apretados del esfuerzo o la desazón; escondidas las bocas abiertas por el asombro o el aburrimiento. Perdido el beso, atrapado en el tamiz del tapaboca. Curioso, ¿no?: igual que un virus. Tal parece que tendremos que aprender a ser más escrupulosos para descubrir en los ojos del otro las profundidades del alma; más allá de la poesía y el romanticismo. Tendremos que esforzarnos para que los demás vean en nuestras pupilas el reflejo de nuestros sentimientos. Extraño, todo es muy extraño. Pero real. ¿Cómo será el mundo en quince ...

LA FOTO

LA FOTO Cayó a mis pies como una hoja desprendida de algún árbol de recuerdos. Suspendida en el   otoño implacable que tozudo, pasa por nosotros una y otra vez. Una fotografía, sepia, triste y abandonada, que a pesar de ese salto al vacío, conservaba el brillo del instante irrecuperable (por ser parte del pasado), de aquellas personas. Y allí estaba, junto a un contenedor de deshechos, resistiendo su destino; prendiéndose obstinada a la baldosa gris con todas sus fuerzas enfrentando al viento que intentaba porfiadamente vencer su resistencia. Ella sabía que si su enemigo lograba levantar un vértice, solo uno, estaría perdida. La miré desde arriba y atraído por su fragilidad, me incliné para tomarla. Pero detuve la mano a pocos centímetros y dudé, y al final, casi rozando su acerada superficie, elegí no profanar la voluntad de quien se hubiese despojado así, de sus recuerdos. Desde el papel desolado, me miraban serios y ajenos a su destino, los personajes ...

JUSTO LO NECESARIO

JUSTO LO NECESARIO Justo lo necesario, se corren las cortinas de mi universo eterno. Nada ni nadie puede, tocarlo con sus dedos. Ni corretear mi sombra ni burlar mis anhelos. Ni pensar en que algo cambiaré porque ellos me tienten con su cielo. Justo lo necesario. Nadie podrá cambiar ni transformar el tiempo. El tiempo solo existe para ponerse viejo.

EL RELOJ

EL RELOJ Una circunferencia repleta de tiempo; llena de pequeños trozos de vida que se aferran infructuosamente para no ser arrastrados por las agujas que pasan una y otra vez porfiadamente. El reloj siempre avanza. Aún en las pocas veces que queda sin aliento y se detiene, alguien recupera el trayecto perdido y lo pone a andar otra vez. Es que el tiempo es un trazo redondo, sin límites; como los engranajes que invisibles le dan vida. Testigo de nuestro paso por el mundo, el artilugio nos trae al presente mostrando el pasado, ganado o perdido y nos muestra desvergonzado lo que falta para llegar a ese momento desconocido que es el futuro. Un instante, una mirada fugaz que ya es ayer cuando logramos ser conscientes del ahora. Y el latido de nuestro corazón se acompasa al tic-tac sin darse cuenta e increíblemente nos hacemos esclavos de una máquina que nos domina sin palabras ni violencia; solo un par de agujas que avanzan recorriendo el mapa de doce continentes una...

LA ÚLTIMA VENTANA

LA ÚLTIMA VENTANA Me hipnotizaba el mundo que descubren los rayos de sol que se filtran por los resquicios de la persiana que cubre mi ventana. Un universo antes invisible donde de pronto cobran vida miles de puntitos indefinidos, preocupados por llegar sin rumbo, a ningún lado. Un mundo extraño formado por motas de polvo que siempre están a pesar de los esfuerzos de mi madre por mantener todo limpio. Restos de hollín originado en la avenida que pasa a pocos metros de casa y harina que vuela y se escapa del molino de enfrente. Mi casa, la casa de mis padres, tiene una sola ventana. Desde que tengo memoria está allí. Esa última ventana de una fila que asciende hacia el cielo en el viejo edificio, se convertía en un refugio secreto, un lugar desde donde dominaba al mundo. Era mi puesto de vigía oteando el horizonte de treinta metros de asfalto y baldosas gastadas. Detrás de la persiana baja, veía pasar la gente y oía sus voces. Me dejaban fragmentos de frases de...