Ir al contenido principal

REFLEXIONES DESCONFINADAS: UN EJERCITO DE OJOS


REFLEXIONES DESCONFINADAS 1: UN EJERCITO DE OJOS


Un ejército de ojos tomó la calle.
Miles de miradas perdidas inundando el espacio que dejaron otras que, encerradas, esperan el momento de imitarlas. Cuando sea prudente; o cuando ya no se pueda más.
Batallones desordenados de seres con medio rostro con sus gestos perdidos detrás de telones de papel y tela.
Perdidas las muecas de disgusto y las sonrisas tibias.
Extraviados los labios apretados del esfuerzo o la desazón; escondidas las bocas abiertas por el asombro o el aburrimiento.

Perdido el beso, atrapado en el tamiz del tapaboca. Curioso, ¿no?: igual que un virus.

Tal parece que tendremos que aprender a ser más escrupulosos para descubrir en los ojos del otro las profundidades del alma; más allá de la poesía y el romanticismo.
Tendremos que esforzarnos para que los demás vean en nuestras pupilas el reflejo de nuestros sentimientos.
Extraño, todo es muy extraño. Pero real.
¿Cómo será el mundo en quince días o en un mes o en un año?.
¿Habrá cambiado algo?. ¿Cuánto tiempo nos miraremos a medias detrás de los barbijos, incluso cuando éstos ya no estén?.
La luz va a llegar, más tarde o más temprano. Seguro más serena y limpia, sin nubes de humo y mugre que la opaquen. Ojalá que por mucho tiempo, eso espero.
Y estará en cada uno de nosotros, devolverle a la vida, aquello que le retaceamos y hacer de cada momento, un único instante de agradecimiento.

Comentarios

  1. Es genial tu perspicacia, porque desnuda una realidad que parece rígida y detallas ese mundo escondido... en cada uno...

    Me hizo pensar, lo leí, releí, por momentos me asustó... recibir noticias de lo que ya me voy acostumbrando a ver... error... me estoy acostumbrando a tolerar....

    Da para reflexionar mucho mas que el texto.

    Si permites comparto tu link... con alegria y orgullo...

    Felicitaciones.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Comentarios:

Entradas populares de este blog

Esperanza

 Esperanza La luz de un cirio recién estrenado, teñía de naranja el altar de la pequeña parroquia del pueblo. Nada se oía. El eco de las campanas pascuales, se había perdido entre los gastados bancos y las voces alegres de mujeres, hombres y niños, guardaban reposo en los hogares mientras el cura rezaba su último rosario. En un rincón, la sombra temblorosa de un crucifijo se movía sobre las viejas paredes, anunciando porfiada la esperanza.

EL SÓTANO

EL SÓTANO En homenaje a todos los que pasaron por él y dejaron en sus paredes, un pedacito de historia.  Mil gracias "Ficha" y "Chiche" por compartir generosamente conmigo sus recuerdos. Escaleras abajo, el aire se poblaba de historias, y también de fantasmas que ya habitábamos desde tiempos inmemoriales ese recinto, mucho antes de haber sido levantadas sus paredes y dispuestas las ventanas. Incluso antes aún, de que alguien (ya no recuerdo el nombre) bajara esos escalones nuevos y relucientes por primera vez. Por eso puedo con propiedad, contarles esta historia. En este viejo sótano ubicado en la esquina que forman las calles montevideanas de Magallanes y Lima (donde por un descuido del destino se unen el nombre de un conquistador con el de una ciudad conquistada), un grupo de amigos orejeaba las cartas de la vida entre risas, discusiones y copas mientras allá arriba, el loco mundo seguía dando vueltas y vueltas al sol. La luz amarillenta de las lamparitas Gene...

EL TABLADO

EL TABLADO Una tarde de febrero, de esas en que la noche se va a tomar el fresco a orillas del río y demora en llegar, el viejo volviendo del trabajo nos decía: “¿vamos al tablado?”. Sabía la respuesta desde mucho antes de formular la pregunta, lo delataba la sonrisa pícara que se dibujaba en su rostro, generalmente serio. Mamá movía la cabeza con una mueca alegre sabiendo que en realidad era él el que quería ir. Todos nos arreglábamos lo más rápido que podíamos. Nos lavábamos la cara y las manos, íbamos al baño porque era mejor que no te diera ganas después y te vieras obligado a correr a ocultarte atrás del plátano más alejado de la puerta de entrada. Mamá mientras tanto, preparaba algún refuerzo para achicar el gasto, se acomodaba el peinado casi inexistente de tanta tarea y se vestía “para salir”. Y así, los cuatro, pisábamos la calle Asunción rumbo al tablado que quedaba como a diez cuadras. Cuando tomábamos Piedra Alta, en lo alto del repecho donde cruzaba...