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EL RELOJ

EL RELOJ Una circunferencia repleta de tiempo; llena de pequeños trozos de vida que se aferran infructuosamente para no ser arrastrados por las agujas que pasan una y otra vez porfiadamente. El reloj siempre avanza. Aún en las pocas veces que queda sin aliento y se detiene, alguien recupera el trayecto perdido y lo pone a andar otra vez. Es que el tiempo es un trazo redondo, sin límites; como los engranajes que invisibles le dan vida. Testigo de nuestro paso por el mundo, el artilugio nos trae al presente mostrando el pasado, ganado o perdido y nos muestra desvergonzado lo que falta para llegar a ese momento desconocido que es el futuro. Un instante, una mirada fugaz que ya es ayer cuando logramos ser conscientes del ahora. Y el latido de nuestro corazón se acompasa al tic-tac sin darse cuenta e increíblemente nos hacemos esclavos de una máquina que nos domina sin palabras ni violencia; solo un par de agujas que avanzan recorriendo el mapa de doce continentes una...

LA ÚLTIMA VENTANA

LA ÚLTIMA VENTANA Me hipnotizaba el mundo que descubren los rayos de sol que se filtran por los resquicios de la persiana que cubre mi ventana. Un universo antes invisible donde de pronto cobran vida miles de puntitos indefinidos, preocupados por llegar sin rumbo, a ningún lado. Un mundo extraño formado por motas de polvo que siempre están a pesar de los esfuerzos de mi madre por mantener todo limpio. Restos de hollín originado en la avenida que pasa a pocos metros de casa y harina que vuela y se escapa del molino de enfrente. Mi casa, la casa de mis padres, tiene una sola ventana. Desde que tengo memoria está allí. Esa última ventana de una fila que asciende hacia el cielo en el viejo edificio, se convertía en un refugio secreto, un lugar desde donde dominaba al mundo. Era mi puesto de vigía oteando el horizonte de treinta metros de asfalto y baldosas gastadas. Detrás de la persiana baja, veía pasar la gente y oía sus voces. Me dejaban fragmentos de frases de...

EL TREN DE LAS 6:30

EL TREN DE LAS 6:30 -Se vino el frío…- dijo Pedro frotándose las manos y moviéndose unos pasos para alejarse de la vía. El tren de las 6:30 estaba por pasar. La estación de San Fernando se veía casi desierta a no ser por la presencia de Pedro el guarda-agujas y Rodrigo su ayudante. El viejo edificio de diseño inglés, exhibía con orgullo sus paredes de chapa acanalada pintadas prolijamente de azul. Es que había mucho tiempo y las horas se mataban entre pintura, barridas al andén y a la oficina, mates y más pintura. -¿Y no juegan al truco?- preguntó una vez un pasajero que recaló allí por error. -¡Ta loco!, más aburrido que jugar al truco de a dos, ¡deje quieto! Mantener la estación era otra cosa y casi la única cosa que hacer. Cada detalle que encontraban, era observado, conversado y vuelto a observar para después discutir largas horas para decidir qué hacer. -Mirá este agujero. -Pa, nunca lo había visto. -Y por eso te digo que lo mires. -Parece de cl...

LA POSIBLE HISTORIA DE MACCIÓ

LA POSIBLE HISTORIA DE MACCIÓ LA POSIBLE HISTORIA DE MACCIÓ Ya había perdido la cuenta de las horas que hacía que estaba ahí. Es que el tiempo se detuvo alrededor de aquella taza de café a medio tomar y del frío de ese pequeño mar negro que era el mismo que sentía en su alma. Estaba enfundado en el traje a rayas de siempre, lustroso por el rozar de tantos vientos, cuerpos e historias que fueron desgastando el lujo que otrora tuvo. Ese traje que no obstante su decrepitud, cuidaba como a un tesoro (quizás el único) porque no estaba seguro de quien arropaba a quien. Escondido como una sombra entre la nube de humo que desprendían mil cigarros y esquivando voces sin sentido, estaba en el mismo lugar de siempre. Aquel refugio compartido solo con su amigo, en la última mesa del bar de Asunción y Yaguarón. Al fondo del largo pasillo, incómodamente cerca de los baños siempre hediondos hasta donde llegaban apagadas las charlas de la barra y los reclamos del mozo. Ese era su lu...

CINCO VENTANITAS

CINCO VENTANITAS No había nada más lindo que soñar con viajar. Con los ojos bien abiertos, fija la mirada en la hoja de papel, el lápiz se movía nervioso entre los dedos de nuestras manos, ansioso por comenzar a manchar el blanco universo que esperaba llevarnos muy lejos. Nuestras cabecitas se iluminaban de locuras nacidas de tantas historias vistas y oídas y el ómnibus, comenzaba a delinearse corriendo por la carretera, siguiendo aquella línea amarilla que imaginábamos alguien había pintado con un grueso pincel de forma precisa. ¡Cuánto trabajo!. Dibujábamos lomas eternas que se prolongaban hasta el infinito orladas por aquella cinta gris que subía y bajaba al compás del paisaje. Y sobre ella, en un lugar distinto cada vez, una cajita de metal aplastada en el papel marchaba coronada por cinco ventanitas. Detrás de cada una de ellas, se asomaba una historia. Pintábamos los ojos negros que descubrían la mirada de aquella muchacha que regresaba a su hogar luego de q...

EL TABLADO

EL TABLADO Una tarde de febrero, de esas en que la noche se va a tomar el fresco a orillas del río y demora en llegar, el viejo volviendo del trabajo nos decía: “¿vamos al tablado?”. Sabía la respuesta desde mucho antes de formular la pregunta, lo delataba la sonrisa pícara que se dibujaba en su rostro, generalmente serio. Mamá movía la cabeza con una mueca alegre sabiendo que en realidad era él el que quería ir. Todos nos arreglábamos lo más rápido que podíamos. Nos lavábamos la cara y las manos, íbamos al baño porque era mejor que no te diera ganas después y te vieras obligado a correr a ocultarte atrás del plátano más alejado de la puerta de entrada. Mamá mientras tanto, preparaba algún refuerzo para achicar el gasto, se acomodaba el peinado casi inexistente de tanta tarea y se vestía “para salir”. Y así, los cuatro, pisábamos la calle Asunción rumbo al tablado que quedaba como a diez cuadras. Cuando tomábamos Piedra Alta, en lo alto del repecho donde cruzaba...

MIS ABUELOS PATERNOS

MIS ABUELOS PATERNOS EL ABUELO PURO La parquedad de su presencia quizás hacía presumir un espíritu lejano y ausente. No sé si fueron los años, más de veinte, que viví a su lado (mi familia habitaba en el mismo edificio que mis abuelos paternos) los que me acercaron a su persona y me ayudaron a descifrar algunos de sus gestos ocultos. El abuelo Puro tenía su rutina que incluía, sugerir el menú del día a la abuela y pasar por nuestra casa a preguntar qué necesitábamos de la panadería, ya que infaltablemente cumplía ese ritual a la misma hora sin importar la lluvia o el sol. Algunas veces, no lo sé con certeza pero lo imagino, hacía una parada en el bar para cruzar algunas pocas palabras con los parroquianos. Fiel a su tiempo, vestía impecable con su camisa y su corbata (la que ajustaba con un perfecto nudo a su cuello) y muchas veces, su sombrero de ala protegía su calvicie. Lo recuerdo caminando mansamente por las veredas del barrio, deteniéndose a saludar a al...